Dejá de esperar el lunes perfecto
Empezar un lunes o un primero de mes puede ayudar, pero esperar la fecha cuesta días. Qué dice la investigación sobre los nuevos comienzos y cómo crear el tuyo hoy.
Es jueves a la noche y por fin decidiste que vas a empezar a caminar todos los días. Te sentís bien con la decisión. Después de unos segundos aparece el pensamiento que conocés: «mejor arranco el lunes, así empiezo prolijo».
El lunes llega y hay una reunión, o llueve, o dormiste mal. Entonces el nuevo límite pasa a ser el primero del mes. Y después, enero. La decisión siguió intacta todo ese tiempo. Lo único que no pasó es el primer paso.
Por qué las fechas redondas tienen tanta fuerza
Que los lunes, los primeros de mes y los cumpleaños nos den ganas de empezar de cero no es una impresión tuya. En 2014, tres investigadores (Hengchen Dai, Katherine Milkman y Jason Riis) publicaron un trabajo con un nombre que lo resume bien: el «efecto del nuevo comienzo». Analizaron datos reales: las búsquedas de la palabra «dieta» en Google, las visitas a gimnasios y los compromisos de metas que la gente asumía. En los tres casos encontraron más actividad después de lo que llaman «hitos temporales»: el inicio de una semana, de un mes, de un año, de un semestre, o un cumpleaños o un feriado.
Una explicación que proponen los autores es que esas fechas separan el pasado del presente. Sentís que el «yo» de la semana anterior, el que postergó y se desordenó, quedó del otro lado de una línea, y eso libera energía para intentar de nuevo.
Es una buena noticia: las fechas sirven. El problema aparece cuando esperás la fecha para empezar en lugar de usarla para renovar el ánimo.
El costo de esperar
Entre el jueves en que decidís y el lunes en que empezarías pasan cuatro días, y en esos cuatro días pasan cosas. Alcanza con que se rompa la rutina una vez para que el «lunes» se corra otra vez, y con cada corrimiento la decisión pierde fuerza. Lo que empezó como una intención concreta se convierte en una promesa vaga con fecha móvil.
Hay una pregunta que te puede servir para distinguir si esperar es preparar o es esconderte: ¿qué vas a hacer entre hoy y el lunes que haga mejor al lunes? Si tu respuesta es comprar las zapatillas, definir el horario y dejar la ropa lista, esperar es preparar. Si tu respuesta es «nada, solo esperar», es una demora.
Hacé tu propio comienzo, hoy
Si las fechas funcionan porque marcan un antes y un después, no hace falta que sea lunes para marcar una. Podés fabricar ese límite ahora:
- Escribí la fecha de hoy en un papel, con lo que vas a empezar y la versión más chica que puedas hacer esta noche.
- Ordená tu espacio por cinco minutos: el escritorio, el bolso, el lugar donde vas a hacerlo.
- Hacé esa versión chica hoy. Diez minutos de caminata alcanzan.
Después sí, dejá que el lunes cumpla su función: que sea el día en que ampliás lo que ya empezaste. El lunes deja de ser la puerta de entrada y pasa a ser un refuerzo.
Cuándo esperar sí está bien
No todo se puede hacer hoy. Si necesitás conseguir algo, pedir turno o coordinar con otras personas, la fecha tiene sentido. Lo que importa es que sea una fecha corta y concreta, y que entre hoy y entonces avances en algo. Esperar, sin hacer nada, termina siendo la forma más cómoda de no empezar.
Para hoy
Elegí eso que venías guardando para «el lunes» y hacé hoy su versión de diez minutos, con el temporizador en la mano. El lunes tenés que encontrarte con algo que ya está en marcha.
Fuente: Dai, H., Milkman, K. L. y Riis, J. (2014). «The Fresh Start Effect: Temporal Landmarks Motivate Aspirational Behavior». Management Science, 60(10), 2563–2582. Artículo en INFORMS.