Ir aunque no tenga ganas: lo que me enseñó el gimnasio
Hace más de seis meses que voy al gimnasio. Lo que más me enseñó no fue sobre músculos sino sobre disciplina: ir sin ganas, tener paciencia y dejar de compararme.
Hubo un día en que no tenía ganas de ir al gimnasio. Fui igual. Y cuando terminé, me sentí bien.
Fue el momento que más me marcó, y por eso escribo esto: porque lo que más aprendí en el gimnasio no tiene que ver con los músculos, sino con la disciplina.
Hace más de seis meses
Hace más de seis meses que voy. No es mucho tiempo si lo comparás con quien entrena desde hace años, pero alcanza para que algunas ideas se asienten. Son cuatro.
1. Ir aunque no tenga ganas es lo que cuenta
La disciplina no es tener ganas todos los días. Es aparecer los días en que las ganas no están.
Lo que me pasó ese día sin ganas se parece a algo que vengo observando: cuando hacés las cosas sin ganas, las ganas suelen aparecer con el tiempo, y no al revés. Es el tema de la nota Nadie cambia esperando tener ganas.
Y no me pasa solo a mí: le pasa incluso a quienes viven del deporte. En una entrevista de 2025 en el programa Los amigos de Edu, el futbolista Cristiano Ronaldo contó que no va con ganas todos los días al gimnasio, y que va porque hay un compromiso, incluso los días en que está más triste o más enojado. Según la nota de la revista Hola, dijo: «voy porque hay un compromiso».
Y la idea es bastante más vieja que cualquier gimnasio. El emperador romano Marco Aurelio, que era estoico, escribió en sus Meditaciones que, cuando uno se levanta sin ganas, conviene pensar que se está levantando para hacer el trabajo propio de un ser humano. Es una idea de hace casi dos mil años: la acción no tiene que esperar al ánimo.
No pongo estos ejemplos para compararme con ellos, sino para mostrar que no tener ganas es normal, incluso en quienes viven del deporte.
2. Aparecer importa más que rendir
Hay días en que el entrenamiento sale mal. Lo que aprendí es que un día flojo igual suma más que no ir.
Lo importante es aparecer: el día en que estuve cuenta, aunque haya salido mal. Lo que no cuenta es el día en que no fui.
3. Los resultados llegan tarde
Los resultados llegan tarde, y hay que tener paciencia. Si mirás todos los días, es fácil pensar que no cambia nada.
Esa paciencia no es pasividad: es seguir haciendo lo que toca sin tener todavía la prueba. Lo hablamos en la nota El progreso no es una línea recta.
4. Compararme con otros no me ayuda
En un gimnasio siempre hay alguien más fuerte o con más tiempo entrenando. Compararme con esa persona no me ayuda.
Si hay una comparación que tiene sentido, es con uno mismo: con quien fui hace un tiempo, que es la única que muestra si estoy avanzando.
Lo que me llevo
La disciplina no es tener ganas todo el tiempo. Es cumplir con lo que decidí incluso cuando las ganas faltan, sin exigirme que salga perfecto, con paciencia y sin mirar al de al lado.
Y creo que eso, que aprendí en el gimnasio, sirve para cualquier otra cosa que uno quiera sostener.
Para pensar
¿Qué cosa venís postergando que podrías empezar un día sin ganas? No hace falta que sea grande. Alcanza con que hoy la hagas aunque sea diez minutos.
Fuentes: entrevista a Cristiano Ronaldo en Los amigos de Edu (2025, periodista Edu Aguirre), según Hola. Marco Aurelio, Meditaciones, libro V, 1; traducción de George Long (MIT Classics). La descripción de este texto es una paráfrasis, no una cita textual.