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Superación y desarrollo

No son las cosas: es lo que decidimos que significan

Un mismo hecho puede doler o enseñar según el significado que le damos. Lo que decía un filósofo hace casi dos mil años, lo que dice la investigación y cuándo no forzarlo.

4 min de lectura

Un ejemplo armado, que no le pasó a nadie en particular. Dos personas reciben el mismo mensaje en el trabajo: «tu contrato no se va a renovar». La primera lo lee y piensa: «nadie me quiere, soy un fracaso». La segunda siente el golpe, se queda un rato en silencio y después piensa: «esto me obliga a buscar algo que me convenga más».

Los dos recibieron exactamente el mismo hecho. Lo que cambió fue la historia que se contaron sobre él, y con esa historia, lo que sintieron y lo que hicieron después.

Una idea de casi dos mil años

En el Manual de Epicteto, un filósofo estoico que vivió entre los siglos I y II, hay una frase que se cita muchísimo. En el capítulo 5 dice que a las personas no las perturban las cosas en sí, sino las opiniones que se forman sobre ellas. Su ejemplo es la muerte: no es terrible en sí misma, porque si lo fuera, así le habría parecido a Sócrates; lo terrible es la idea que tenemos de ella.

Es una afirmación fuerte y no hace falta aceptarla entera. Pero deja una pregunta práctica que sirve para todo: ¿cuánto de lo que me duele es el hecho, y cuánto es la historia que armé sobre el hecho?

Lo que dice la investigación

En psicología, cambiar la manera de interpretar una situación para modificar su impacto emocional se llama reinterpretación, o reappraisal en inglés. En una revisión de 2002, James Gross comparó esta estrategia con la de suprimir la expresión de la emoción. Según ese trabajo, la reinterpretación disminuye tanto la emoción que se siente como su expresión, y no afecta la memoria; en cambio, la supresión reduce lo que se ve hacia afuera pero no lo que se siente, y puede empeorar la memoria.

Es decir: reinterpretar no es taparse la emoción. Es cambiar el punto de vista desde el que la mirás.

Cómo probarlo, sin forzar nada

Tomá una situación que todavía te pese y hacé esto por escrito, en un papel:

  1. Escribí la primera historia. La que aparece sola: «me pasó X, y eso significa Y». Sin corregirla. «Me dejó porque no soy suficiente» es una primera historia.
  2. Separá el hecho de la interpretación. El hecho es lo que una cámara hubiera grabado: «me dijo que terminaba». La interpretación es lo que agregaste: «porque no soy suficiente».
  3. Buscá dos lecturas alternativas con los mismos hechos. No tienen que ser positivas: tienen que ser posibles. Por ejemplo: «quizás era lo que necesitaba él» o «quizás la relación ya no era lo que yo quería».
  4. Elegí la más útil que además sea honesta. La que te deje en condiciones de hacer algo, sin negar lo que pasó.

Una pregunta que ayuda en el paso 3 es «¿para qué me está pasando esto?», en lugar de «¿por qué me pasa esto a mí?». La primera te mueve a buscar qué hacer; la segunda te deja dando vueltas en la queja. Pero usala con cuidado, como vemos a continuación.

Cuándo no conviene forzarlo

Reinterpretar no es optimismo obligatorio, y hay tres límites que conviene tener claros:

  • El dolor legítimo no hay que resolverlo con una frase. Si perdiste a alguien o algo importante, primero toca sentirlo. «Todo pasa por algo» dicho demasiado pronto suele ser una manera de no mirar lo que duele.
  • Reinterpretar no es aceptar un maltrato. Si alguien te trata mal de manera repetida, la salida no es encontrarle una lectura amable: es poner un límite o cambiar la situación.
  • Una historia más amable no reemplaza los hechos. Si el significado que elegís ignora lo que pasó, se cae solo. Tiene que poder sostenerse frente a los datos.

Si lo que te duele es muy intenso o dura mucho tiempo, hablarlo con un profesional de la salud mental es más útil que cualquier ejercicio escrito.

Para hoy

Elegí un hecho reciente que te siga dando vueltas y hacé los cuatro pasos. Quedate con la lectura que te permita dar un paso, aunque sea chico, y dejá las otras escritas. No hace falta creértelas todas: alcanza con comprobar que hay más de una.


Fuentes: Epicteto, Enquiridión (Manual), cap. 5; texto en Perseus. Las descripciones son paráfrasis, no citas textuales. Gross, J. J. (2002). «Emotion regulation: Affective, cognitive, and social consequences». Psychophysiology, 39(3), 281–291.

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